viernes, 3 de mayo de 2013

Socorro


Camino, solo camino, el mundo pasa a mi lado, pero no me mira. Las emociones me rozan, incluso algunas me atraviesan el alma, dejando tras de si el efímero recuerdo de un momento, acompañado de una herida infecta.
Mis pies descalzos pisan el suelo, un suelo que a veces quema y me hace correr, otra veces es frío y entumece mis movimientos, en ocasiones es casi vaporoso y me hace dudar a cada paso por miedo a perder pie y caer, también he andado por caminos de cristales rotos que me hacen cojear e ir rápido y despacio al mismo tiempo.
Mis manos rozan de vez en cuando las manos de otra gente, manos fuertes que se aferran a mi o manos débiles que no tienen el más mínimo interés es mantenerme cerca. Manos suaves que me reconfortan y manos ásperas que solo sirven para irritarme la piel.
Mis ojos ven como el resto de gente que camina a mi lado ríen, disfrutan, y juntan sus manos con otras personas. También ven a gente sufrir y llorar o incluso desaparecer en medio del camino y hacer llorar a las personas que tenían sus manos cogidas.
Quiero convertir mi sangre en agua, mi piel en escarcha y mis huesos en cristal, quiero que mis pensamientos sean aire. No quiero que toquen mis manos, quiero que mi suelo sea constante y sin miedos, quiero cegar mis ojos y segar mis sentimientos. Quiero la apatía perpetua, quiero la insensibilidad infinita y quiero la dureza de una roca.
Pero sangro demasiado, el más mínimo roce abre mi piel. Mis ojos solo dejan de ver cuando se abniegan en agua salada, sal que hace escocer mis heridas pero que en cierto modo me ayuda a sanarlas. Mis manos se aferran a todo mi alrededor, y aunque agarren con fuerza siempre acaban soltando cuando no tiene sentido hacer el esfuerzo.

Quisiera cambiar tantas cosas... que lo único que se decir es socorro.

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