miércoles, 18 de abril de 2012

Cap. 4 Las 7 de Nova Lux

Estoy en mi cama haciendo un ejercicio para dibujo, pero no me concentro, ayer en clase me senté con Leo. Estuvimos en silencio atendiendo a la profesora, pero la verdad es que era algo aburrida. No me atrevía a decir nada, por mucho que pensase en qué podía decirle, lo más interesante era “hace buen día hoy”, y no creía que eso ayudara para mantener una conversación, pero entonces lo miré y vi que no estaba atendiendo a la profesora mientras hablaba de no se qué de una estructura ideal en un edificio blablabla.... sino que estaba dibujando, dibujaba a una chica que tenemos unas mesas delante de nosotros. Creo que debería haber sentido celos de que se pusiese a dibujar a otra chica teniéndome a mi al lado, pero la verdad es que el dibujo era tan perfecto que no pude sentir más que fascinación, aunque lo estaba haciendo con un simple lápiz y se veía que aún no estaba terminado, la verdad es que podías ver perfectamente su cabello corto y medio rapado por el lado izquierdo, su perfil que incluso era más bonito en el dibujo, y el tatuaje que bajaba desde la nuca hasta la camisa, donde se perdía. La única diferencia era que Leo había continuado su piel, no había camisa si chaqueta, era una espalda desnuda en la que continuaba ese tatuaje.

-¿Cómo sabes que el tatuaje continua así? -solté sin pensarlo, pero en cuanto lo dije me arrepentí, podría decirme cualquier cosa, y la más lógica sería “¿y a ti que coño te importa?”
Pero no, me sonrió, se sonrojó y tapó un poco el dibujo.
-La verdad es que no tengo ni la menor idea de cómo es el tatuaje, pero si yo lo tuviera que continuar sería así. -Contestó así con una voz suave para que nadie nos oyera.
-Creo que es... uff... genial sería decir poco. -Me acerqué para que me escuchase con claridad, y por qué no decirlo, para estar más cerca de él.
-No, es una tontería, cualquiera es mejor que yo. -El también se acercó, y eso me gustó, “ya hemos roto la barrera del espacio” pensé
-Que falso. Sabes que eres bueno.
Sonríe. -Bueno, puede que no cualquiera sea mejor que yo pero tampoco soy genial... -Esta vez si que lo dijo en serio, no es falsa modestia ni nada por el estilo, sino que lo piensa de verdad.
-Yo lo único que sé dibujar es un circulo, y con un compás. -Mis palabras le hicieron gracia, y me sonrió con una sonrisa perfecta, unos labios bien perfilados, no son finos pero tampoco son demasiado carnosos, unos dientes blancos y perfectos. Justo en ese momento me llegó su olor, realmente no sabría cómo definirlo, solo se que me gustó, me gustó mucho. Parece que vuelve a llegarme ese olor, un olor que me llena por dentro, que me envuelve en un sentimiento de libertad impresionante.

No me dura mucho esa sensación, me devuelve a la realidad el sonido de la puerta al abrirse, y lo que es aún peor las risas de Sandra y Marta, no se qué les hará tanta gracia, y la verdad es que me da igual.

-Yo creo que si lo hubiésemos planeado no hubiese salido tan bien. -Dice Marta entre risas.
-Pues sí, ha salido perfecto. ¿Para cuando la próxima? -Contesta Sandra tan pegada de si misma como siempre.

En realidad empieza a entrarme la curiosidad, pero no estoy segura de si quiero saberlo. Como sea lo que yo creo que es, no se lo que voy a hacer. Me decido de preguntar.

-¿De qué os reís tanto? -Les pregunto lo más inocente y despreocupada de lo que soy capaz. Pero les pilla de sorpresa y se me quedan mirando sin saber si decírmelo o no.
-¿Te acuerdas del porrazo de Adriana? -Empieza Sandra
-Si, y no es para os riáis, pedazo de hostia que pegó.
-Pues por eso. Nosotras queríamos dejarla en ridículo delante de la gente. No pensábamos que se iba a caer escaleras abajo, pero así es mucho mejor. Si no hubiese pasado nada nos habríamos reído solo un rato, pero ahora podemos reírnos cada vez que la veamos. -¿Será verdad lo que estoy escuchando? Son mucho peores de lo que yo me esperaba.

Se vuelven a reír, no entiendo cómo le ven tanta gracia a algo así, me parece horrible lo que me están diciendo, y no me puedo controlar.

-¿Tu eres gilipollas Sandra? ¿O simplemente eres una hija de puta? -Sandra levanta una ceja intentando demostrar su superioridad ante mi, pero estoy harta de ella y de sus tonterías. Marta por su parte se ríe de mi comentario hasta que Sandra la mira fulminante. -Y tu tampoco te rías, eres patética, haces todo lo que te dice esta y te crees que eres alguien y solo eres una mierda con patas largas. - No digo nada más, salgo de la habitación dando un portazo y empiezo a andar.

No sé muy bien a donde voy, pero sigo andando. Entonces lo veo claro, tengo que ir a contarle todo a Adriana, no es mi amiga, pero quiero que castiguen a Sandra y a Marta por lo que han hecho. Voy escaleras arriba cuando escucho la voz de Leo, habla bajito, pero no lo suficiente como para que no lo escuche. Desde donde estoy no lo puedo ver, ni el a mi, pero lo escucho. Me voy preparando inconscientemente para pasar a su lado y a pesar de no estar muy bien de ánimo quiero mostrarle la mejor de mis sonrisas. Pero un jarro de agua fría me cae cuando escucho la voz de una chica decir:

-Entonces vamos a quedar esta noche ¿no? -También conozco esa voz, es la chica del dibujo.
-Sí, a no ser que te de miedo. -No puede ser, esa voz serena o incluso a veces tímida a la que yo me he acostumbrado, ha dado lugar a una muy diferente, más juguetona e insinuante.
-¿Miedo? Miedo deberías tener tú. -Dice ella aún más provocadora y escucho como se marcha.

Este día se ha transformado en una pesadilla. Me quedo quieta, he olvidado totalmente donde iba y me sorprende encontrarme a Leo de repente delante de mi, yo también lo he sorprendido a él, iba seguramente pensando en lo que haría esta noche a juzgar por la cara que tenía hasta que me ha visto, y ha pasado de sorpresa a sorpresa desagradable y por ultimo a una sonrisa algo forzada, igual que la mía.

-Buenas, ¿dónde... -vuelve a utilizar su voz normal, la que antes me gustaba, y ahora tanto odio. -¿Estás llorando?
-No. -Suelto escuetamente tocándome la cara para comprobar que sí que tengo lágrimas deslizándose por mis mejillas. Creo que estoy llorando desde que he salido indignada de la habitación, pero no le había prestado atención.
-Entiendo que no me lo quieras contar, en realidad no nos conocemos, pero si necesitas algo, estoy en la habitación 78.
-Lo tendré en cuenta, pero no creo que vaya. -Subo las escaleras sin mirar atrás y sin despedirme, aunque solo es un chico en el que me había fijado, la verdad es que lo había idealizado demasiado, y me ha defraudado.

Se que no tenía ningún derecho a ser tan borde, solo hemos hablado una vez, pero no lo he podido evitar, me ha salido directamente del alma. Me acabo de dar cuenta de que aunque no tengamos nada, me ha mentido, ayer, cuando le pregunté sobre el tatuaje de la chica me dijo que no sabía cómo era, pero la verdad es que si lo sabía. Seguramente esta no será la primera noche que queden, ya le habrá visto el tatuaje, y el resto de su anatomía.

Sin darme cuenta estoy en la puerta 171 y he pegado unos porrazos. Abro y me las encuentro a todas en la habitación como suponía, me miran y las miro a ellas algo avergonzada por haber entrado tan rápido. No tengo muy claro cómo voy a empezar, pero antes de que me decida a decir nada empiezo a llorar sin poder evitarlo.

-¿Qué te pasa? -Pregunta Daniela entre sorprendida y preocupada, y veo que las otras tienen la misma expresión.
-¿Nada? -no se me ocurre nada mejor que decir. -Yo venía a decirle a Adriana que sé quién le tiró el agua. -Consigo decir entre sollozos.
-¿Quién? -Se ha levantado con cara asesina Adriana. -Ah ya... Sandra y Marta ¿verdad? Ya me lo esperaba, solo necesitaba que me lo confirmasen. Ahora puedo matarlas. -Esto ultimo lo dice mientras se pone de pié con las muletas e intenta salir, pero no la dejan.
-¡Eh! ¿Dónde vas? ¿Crees que le puedes hacer algo? -Dice Manu que acaba de salir del cuarto de baño.
-¿Qué hago? ¿me quedo aquí para que ellas sigan tan contentas riéndose de mi? No, no, no, no...
-No, tu te quedas aquí, yo voy a hablar con ellas, ¿alguien más viene? -Siempre he visto a Manu muy tranquila y avergonzada por todo, pero ahora está muy diferente, como amplificada.
-Yo, yo voy aunque sea para hacer bulto. -Se ofrece Melinda, creo que ella les impondrá más que Manu.
-Yo también. -Se apuntan Martina y Elena a la vez.
-Bien, pues vamos, vosotras os quedáis ¿no? -Les dice Melinda a Daniela y Adriana.
-Si, nosotras mejor aquí. -Dice Daniela obligando a Adriana con una mirada a que se siente en la cama.

Salimos al pasillo, Manu va a mi lado, porque ninguna sabe cuál es mi habitación.

-Sé que te pasa algo más, llamalo intuición, pero entiende que ahora no es el momento. -Este comentario de Manu me pilla por sorpresa, ¿cómo va a saber algo? No quiero decir nada, prefiero seguir andando hasta que llegamos a mi cuarto. Abro la puerta, las demás están detrás de mi.

-Cuanto has tardado en contarlo Liss, la verdad es que os esperábamos desde hace rato. -El aire prepotente de Sandra que hace que Marta se crezca más sentándose en la cama en la que antes estaba tumbada con expresión de suficiencia, parece que hace el efecto contrario en Manu, quien sorprendiendo a todo el mundo entra rápidamente en la habitación empujando a Sandra contra la pared con más fuerza de la que nadie esperaba.
-Mira niñita rubia, como vuelvas a hacernos algo a alguna... No, mejor aún. Como vuelvas a acercarte o si quiera mirar a alguna de nosotras, te arranco los dientes y me hago un collar ¿Entendido?

Todos estamos estupefactos, nadie se mueve, hasta que Sandra vuelve por fin a la realidad y dice:

-¿Quién eres tu? -dice con un tono calmado, tanto que podría hacer que Manu dudase y se volviera pequeña ante mi ex abeja reina.
-La que te hará pasar los peores momentos de tu vida si no la dejas tranquila. -Contesta Manu con el mismo tono que antes había utilizado Sandra, pero esta vez ella ya se lo esperaba.
-No sabes con quién estas hablando.
-¡Ah! ¿no?
-No, porque si lo supieras te callarías la boca. Mira lo que le ha pasado a tu amiguita, y eso que solo pretendía reírme, imaginate que podría hacerte a ti si me propongo de verdad hacerte daño. -En parte Sandra lleva razón, no solo es mala, si no que es capaz de convencer a cualquiera para que le haga el trabajo sucio.
-Creo que eres tu la que no tiene ni puta idea de con quién habla. Y esta es la ultima vez que te lo digo, olvidate de nosotras, buscate una vida y ocupate de ella. -Manu se da la vuelta y se va, pero ahora Marta se levanta de la cama y se pone delante de ella para cortarle el paso. -Y ahora tú, quitate de en medio.
-Quitame tú de en medio. -Responde altiva Marta sabiendo que Manu no puede con ella, ya que es mucho más alta. Pero Manu vuelve a dejarnos con la boca abierta cuando la agarra de la trenza y tira tan fuerte que Marta se tiene que doblar por la mitad, cosa que Manu aprovecha para pegarle un rodillazo en la barriga.
-Ya os he avisado, mirame y te parto las piernas.

Nos quedamos sin saber que hacer, pero con la seguridad de que ahora mismo Sandra y Marta no se atreven a hacerme nada, entro, cojo mi pijama y alguna muda limpia, lo meto en la maleta y salgo de la habitación. Tal y como han ocurrido las cosas, no hemos tenido que hacer nada nosotras. Manuela ha podido sola con la situación. La verdad es que nos ha hecho un favor, no habríamos podido hacerlo solas.

Volvemos a la habitación, donde encontramos casi tal y como las dejamos a Daniela y Adriana. Les contamos lo ocurrido y como era de esperar, no se lo creen. Tampoco está aquí Manu para corroborarlo, se fue justo cuando salimos de la habitación sin decirnos a donde. Comentamos un poco lo ocurrido, y pensamos en qué podemos hacer para que me cambien de habitación, nunca han cambiado a nadie sin un motivo de peso, y cómo voy a ir yo pidiendo un cambio de cuarto porque no me caen bien mis compañeras de cuarto. No me cambiarían ni de broma.

Con la cosa de la pelea, casi se me olvida lo de Leo, pero cuando estamos en la habitación acomodándonos como podemos, decido que es un buen momento para contarles lo que ha pasado. Daniela que es la que más conoce a Leo, de clase y eso, me dice que los ha visto hablando alguna vez por los pasillos, pero nada que llamase la atención. Creo que tendría que fijarme en otro chico ahora que todavía no siento nada por él.

-¿No sabéis dónde ha ido Manu? -Pregunta Elena algo preocupada.
-No, se ha ido sin decir nada. -Contesta Martina quitandole importancia.
-Si, se fue sobre las seis y son las diez, dentro de una hora se supone que debemos estar todos en nuestros cuartos y durmiendo.
-¿Qué hacemos? ¿Salimos a buscarla? -Martina ha cambiado su tono a uno un poco más preocupado.
-No se, ¿si? -Ahora la que duda es Elena.
-Podemos llamarla también. -Propone Melinda
-Ok, yo la llamo. -Daniela coge su móvil y busca en la agenda el numero de Manu y llama. Está un rato mirando a la nada esperando una respuesta en el teléfono, una respuesta que no llega. -No lo coge, voy a probar otra vez. -Le da a rellamada y espera, pero menos tiempo que antes. -Está apagado.

Nadie sabe si debe de preocuparse o no, por una parte no creemos que le pueda pasar nada malo aquí encerrada, aunque es verdad que Sandra la amenazó. Pero por otro lado, hoy estaba realmente rara y aún no la conocemos tanto como para saber si es normal que se vaya. Si le ha pasado algo de verdad y nosotras estamos aquí haciendo el tonto, no nos lo perdonaremos.

-Yo voto por buscarla. -Rompe el hielo Melinda.
-Yo creo que también deberíamos buscarla. -Afirmo yo que me he empezado a preocupar.

Como no podemos ir todas porque llamaríamos demasiado la atención salimos solo Melinda, Daniela y yo. Damos algunas vueltas por el instituto y le preguntamos a los pocos conocidos que vemos, pero nadie la ha visto. Cuando ha pasado media hora determinamos que tenemos que salir fuera a buscarla. Ha caído la noche, por lo que podemos escaparnos con más facilidad, ya que en Nova Lux dan por hecho que nadie se va a escapar de noche al bosque, así que dejan demasiados puntos débiles por los que poder escapar. Yo las guío hasta una parte de la valla por la que solía escapar con Sandra y Marta. Subimos por el árbol para poder cruzar la valla, no es complicado pasar, así que ni siquiera nos hace falta ayudarnos unas a otras. Estamos fuera del instituto, lo cual nos hace sentir un poco más libres. Andamos un poco por el bosque, sin llegar a adentrarnos mucho. Llamamos a las que quedan en la habitación para que nos digan si ha vuelto, y nos dicen que no. Como no encontramos nada nos adentramos más en el bosque, donde encontramos a alguien, pero no es Manu.

-Creía que no ibas a venir, ya se estaba haciendo tarde. -Dice la chica del dibujo.
-Quería que me echaras de menos un poquito. -Contesta Leo con esa voz picarona que utilizó en las escaleras esta tarde. -Además me gusta cuando te cabreas.
-A mi también me gusta cuando me cabreas, -se acerca a él poniéndole las manos en el pecho y acercando su rostro a la oreja de Leo para añadir con una voz que no habríamos podido escuchar si hubiese habido el más mínimo ruido. -pero me gusta más cuando me haces otras cosas.
-¿Si? Me alegro por ti, pero vamos a centrarnos en lo importante. -Se ha apartado de ella y a cambiado el tono a uno mucho más cortante.
-Como te gusta cortarme el rollo, pues sabes que al final caerás. -Ella también ha cambiado el tono, ahora habla como el que habla de broma con un amigo de toda al vida.

Se van, se adentran en el bosque, no sé qué pensar, si están juntos o no. Todo ha sido muy raro. Todas nos quedamos quietas y en silencio hasta que se han ido, pero volvemos a la realidad y seguimos buscando a Manu.

-Aquí no hay cobertura, quizá no lo tenía apagado, si no que estaba en el bosque y no tenía cobertura. -Expone Daniela tras mirar el móvil para ver que hora es. -¡Ah! ya son las once y media.
-¿Qué hacemos? ¿Seguimos? -Pregunto
-Si, ya que hemos llegado hasta aquí y lo tarde que es, no podemos volver sin ella. -Afirma Melinda.

Habrá pasado un cuarto de hora cuando vemos a Manu, de lejos pero sabemos que es ella, bajita, con las converse en los pies y el moño repeinado en la cabeza. No decimos nada, porque no está sola. Junto a ella hay un chico al que e visto durante unos dos años por el instituto, pero que no conozco. El año pasado estaba en mi clase, pero era muy misterioso y callado, solo hablaba con unos pocos, y yo no era una de ellos. Es alto y fuerte, y aún lo parece más al lado de Manu. Tiene un pelo castaño claro y sus ojos son rasgados demasiado pequeños incluso para un chico asiático. A juzgar por las caras de mis compañeras de búsqueda, Manu no les ha hablado de él antes, pero lo que más nos sorprende no es que esté en el bosque a estas horas con alguien, y eso que pensábamos que no tenía más amigos. Si no que de golpe él la agarra por la cintura y la besa.

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