jueves, 12 de abril de 2012

Cap. 2 Las 7 de Nova Lux

Suena el despertador, me despierto poco a poco después de una noche horrible. Casi no he podido dormir, entre los nervios del primer día y lo de anoche. Pensé que si me marchaba se iba a terminar todo, por eso decidí venir a Nova Lux. Pero me equivoqué, esté donde esté me va a perseguir esta pesadilla constante.

Me vuelvo perezosa a la izquierda y ahí está Manu le veo solamente la nuca y el pelo recogido en un moño alto que tras una noche sin parar de dar vueltas, parece más un nido de pájaros que el cabello de una chica. Sé que no ha dormido mucho esta noche, porque todas las veces que me he despertado durante la noche la e visto intentando buscar la postura perfecta para quedarse dormida. Postura que veo que ha encontrado hace poco, porque aunque está despierta no veo que tenga energía para levantarse. Me incorporo y estiro intentando desperezarme, miro a la otra cama y me encuentro que Elena no se ha enterado de que el despertador ya ha sonado. Me levanto y empiezo a andar hasta el cuarto de baño, me miro en el espejo y veo una cara cansada, que se incentiva con el color purpura que hay bajo mis ojos. Escucho como Manu llama a Elena para decirle que tenemos que levantarnos, también escucho una especie de ronroneo que supongo que es la forma de quejarse medio dormida que tiene Elena. Una vez que tengo lavada la cara empiezo a echar corrector en mis prominentes ojeras, intento disimularlas lo máximo posible, pero es muy difícil ocultar una noche entera de pesadillas y sobresaltos. Termino de maquillarme y salgo del baño para vestirme. Me alegro de que en Nova Lux tengan un uniforme, así no tengo que preocuparme de buscar ropa cada día. Al abrir la puerta lo primero que me encuentro es que Manu se lanza corriendo hacia la puerta diciendo algo parecido a:

-¡Rápido que me hago pisss!- Deja sisear esa “s” hasta que cierra la puerta con el talón.

Elena por su parte se está poniendo el uniforme, yo decido ponerme el mio también y me doy cuenta de que la falda le queda más corta que a mi. Claro, es mucho más alta que yo. No importa nunca he tenido complejo de bajita, y menos hoy con la de cosas que tengo en la cabeza.

-¿Qué tal tu pierna?- Escucho decir detrás de mi a Elena. ¿Qué pierna? Ah, si, el tirón que me dio ayer. Hago como que cojeo un poco cuando me doy la vuelta.

-Bien. Bueno, duele un poco pero no tanto como ayer- contesto mientras me masajeo la pierna. Creo que lo he hecho bien, creo que se lo ha tragado, hasta que me dice:

-Era la otra pierna la que te dolía anoche- ¡Zas, en toda la boca! No sé qué decir, me ha pillado, ¿Qué hago?¿Qué digo?

-¿Me pasáis mi neceser? Está encima de la mesilla de noche. -Manu no lo sabe, pero esas palabras han sido música para mis oídos. Me vuelvo rápida para coger el neceser y dárselo sin saber muy bien con qué pierna debo cojear. Escucho unas risas disimuladas, las dos se están riendo de mi patético intento de mantener mi farsa. Creo que ha llegado el momento de dejar de cojear.

Una vez que ya estamos las tres vestidas y preparadas salimos por primera vez de la habitación 171, y no tenemos ni la menos idea de hacia dónde ir. Seguiríamos al resto de alumnos, pero como hemos salido tarde no hay nadie. Salimos a correr a la única dirección que vemos, a la izquierda, ya que estamos casi en las ultimas habitaciones, y a la derecha lo único que encontramos es una puerta grande y cerrada.

Corremos hasta que vemos a unos chicos que parecen tener más o menos nuestra edad, y tras comprobar que a mis compañeras les da vergüenza preguntar, voy yo a hablar con ellos. Tenemos suerte, si son de nuestra edad, y ahora tienen clase de filosofía con Román. No seguimos hablando con ellos, porque aunque han sido correctos a la hora de contestarnos, no son precisamente amigables. Espero que el resto de alumnos de la clase sean más simpáticos.

Nos sentamos las tres juntas casi al fondo de la clase, ya que como hemos entrado las ultimas nos hemos quedado sin sitio en las primeras filas. Por suerte no somos muchos, así que aunque estemos atrás no estamos lejos de la pizarra. El profesor, es bajito, gordito y se peina intentando ocultar sus entradas ya incipientes, pero lo más importante no es el cuerpo del profesor, si no su voz, Manu, Elena y yo no podemos evitar reírnos de la forma más disimulada de la que somos capaces al escuchar por primera vez una voz aguda, más que aguda chillona diciéndonos:

-Chicos, voy a ser vuestro profesor de filosofía en este curso, mi nombre es Román, algunos ya me conocéis de otros años, pero hoy veo algunas caras nuevas. - Estas ultimas palabras las dice mirándonos a nosotras, y a otro chico que hay sentado en segunda fila, en la esquina de la derecha. -Así que os voy a explicar un poco qué vamos a hacer este año, qué vamos a estudiar y por supuesto, cómo voy a evaluaros.

Nos cuenta todo tipo de detalles sobre su asignatura. Nos hace algunas preguntas a los nuevos alumnos, la primera en presentarse es Elena, que se limita a contestar a las preguntas con respuestas concisas, y si es posible con un si o un no, pero algunas veces tiene que volver a contestar, porque no se le entiende, ya que tiene la boca oculta tras su mano intentando ocultarse lo máximo posible de las miradas de la clase. La siguiente en presentarse soy yo, y la verdad es que tampoco se que decir, así que simplemente contesto a lo que me pregunta con una sonrisa y una voz alegre. Va a ser mi profesor durante un año, quiero causar buena impresión, por si en algún momento quiero hablar de mis notas. La siguiente el Manu, que igual que yo, contesta y sonríe. Por ultimo, se presenta el chico de la segunda fila, se llama Leo, vive con su hermana, y como ella tenía que ir a trabajar al extranjero, decidieron que lo mejor sería que él se quedarse en España, pero no podían estar manteniendo dos casas, por lo que Leo le propuso venir a Nova Lux, a contado toda la historia con una voz monótona, como si la hubiese contado tantas veces que ya pierde la importancia que antes tendría. Leo tiene la piel morena, un moreno natural, pero que bien podría ser una crema de “autobronceado con un toque de sol”, su pelo también es oscuro, negro como el carbón le cae sobre la frente como despeinado y sus ojos marrones tienen un brillo increíble, no me había fijado antes, pero es guapo. Tras las presentaciones el profesor vuelve a hablar, incluso nos cuenta alguna anécdota que otra, que por la forma en la que los alumnos antiguos la comentan, parece ser que es muy normal en sus clases.

Segunda hora, me tengo que separar de Manu y Elena para buscar mi clase de matemáticas, y como escucho a unas chicas que comentan que ahora tienen esa clase, disimuladamente las sigo, así por lo menos no me perderé. Llegamos a la clase y aprovecho que he llegado de las primeras para sentarme en la segunda fila, es la que más me gusta, porque así no estoy ni atrás, ni justo delante del profesor. Empieza a llegar la gente, a mi lado se sienta una chica delgada, no muy alta, con un pelo castaño y muy liso, viene con otras dos que se sientan a su lado, una de ellas es muy alta y esbelta, lleva el pelo rubio oscuro recogido en una trenza larga que le cae por la espalda, al contrario que la tercera chica, que es casi de mi estatura y con el pelo mucho más rubio y corto. Las escucho hablar mientras el resto de los alumnos van entrando, veo que Leo entra también y se vuelve a sentar en el mismo sitio en el que estaba en la otra clase, así que ahora está sentado a mi lado, el también me reconoce y me sonríe, le devuelvo la sonrisa y me vuelvo hacia delante sin saber muy bien que hacer.

-Hola, ¿eres nueva verdad?- me dice sonriendo la chica de mi derecha mirándome con unos ojos en los que se mezclan el marrón al rededor de la pupila con el verde que hay en el resto del ojo, creando una mirada intensa.

-Sí, este es mi primer año aquí, ¿tu cuanto tiempo llevas en el internado?

-Pues... tres años, empecé la ESO aquí. Bueno, ¿Qué tal el primer día? Por cierto, ¿Cómo te llamas? Yo soy Liss.

-Daniela – me da dos besos que me pillan un poco de sopetón, pero consigo devolvérselos. -Pues no va mal, pero solo estamos a segunda hora, todavía me quedan cuatro largar horas para poder decir cómo me ha ido.

-Seguro que te va bien. ¿Qué optativa tienes? Yo ahora después doy tecnología.

-Yo no, me he cogido ciencias de la salud, ahora tengo biología creo.

-Pues pasaremos muchas horas juntas, ¿verdad?- se vuelve hacia las otras dos para que la apoyen, y ellas asienten sonrientes. -Bueno, y ellas son Sandra y Marta.

-¡Hola!- saludan las dos al unisono. Sandra es la rubia bajita, y Marta la más alta.

-Nosotras también damos ahora biología, así que estaremos juntas. -me dice la voz ronca de Marta.

La verdad es que Liss parece agradable, quizá demasiado, ¿me estará camelando para hacerme una novatada después? Sus amigas también parecen simpáticas, pero no quiero confiarme por si acaso. El resto de la clase me la paso escuchando al profesor. Al contrario que Román, Fabián es mucho más joven, nos habla como a iguales, no como a niños pequeños. También hablo un poco con Leo, es mucho más simpático de lo que pensaba, y me fío más de él que de las otras tres, no por algo en especial, si no porque él también es nuevo como yo, así que sé que no me va a hacer ninguna faena.

Suena el timbre y se levantan algunos, supongo que los que se tienen que cambiar de clase. Se van Liss y Leo. Vuelvo a estar sola, pero se sientan a ambos lados dos chicas que antes estaban sentadas delante, por lo que comentan entre ellas, resulta que la profesora que viene ahora escupe mucho al hablar, así que prefieren no estar en primera fila para comprobarlo. También son nuevas, nos presentamos y empezamos a hablar, porque igual que me ha pasado con Leo, me siento más cómoda con gente nueva. Una de ellas, la más alta, se llama Melinda, es muy alta, morena y lleva el pelo recogido en una cola, tiene unos ojos preciosos, azules y rasgados. A mi izquierda está Adriana, también alta, pero menos que Melinda, aunque más delgada, lleva los labios pintados de rosa y los ojos marrones perfilados en negro. Saca un espejo del bolso y empieza a mirarse en él, es graciosa la cara que pone cuando se mira, parece que intenta ligar con el espejito. Hablo con ellas durante toda la clase, le hacemos muy poco caso a la profesora de biología, preferimos hablar sobre nosotras para ir conociendonos. Melinda cuenta que su madre es española y su padre inglés, y aunque lleva toda la vida en España, sus padres pensaron que sería buena idea ir a vivir a Reino Unido, pero ella no quería y se vino a Nova Lux. Adriana por su parte tiene una historia parecida a la de Manu, sus padres buscaron un internado y ahora está aquí. Aunque este no es su primer año, si no que vino el año pasado. También me ha contado que antes salía con Sandra, Marta y Liss, pero que habían demostrado ser demasiado falsas como para ser amigas de nadie. Yo sabía que tenían algo que no me gustaba. Al igual que Elena, Manu y yo, ellas se han conocido al ser compañeras de cuarto. Me comentan que su otra compañera está en humanidades, por lo que no tienen muchas horas juntas, solo unas pocas comunes.

A la hora del recreo veo a Manu sentada en el césped sola, pero no tarda mucho en tener compañía. Elena llega con otra chica, las dos son más o menos de la misma estatura. La otra chica tiene un color de pelo parecido al mio, un poco más oscuro. Me acerco a ellas para ver qué tal han estado sus clases, Manu me cuenta que ha estado en la ultima fila todo el día, y que solo ha hablado para contestar cuando un profesor le ha preguntado algo. Se le ve en los ojos que va a llorar si sigue hablando de su día, y que ya ha llorado antes de vernos. Elena ha tenido más suerte, ha conocido a Martina a segunda hora, así que no ha estado sola. Martina es una chica alegre y risueña, siempre está sonriendo.

Vemos a Liss y sus amigas hablar con otros dos alumnos, un chico y una chica, supongo que son hermanos, es más mellizos, porque el parecido es impresionante, los dos son altos, rubios de ojos azules, unos dioses arios en resumen. Parece que los hermanos no están muy interesados en hablar con ellas, así que acaban marchándose y dejándolos solos de nuevo.

-Esos dos están en mi clase, en las comunes y en las optativas, son un poco callados, pero nos han puesto con ellos en un grupo para un trabajo de Latín y son buena gente, ¡y listos!, nos han dejado como idiotas a todos cuando han empezado a traducir un texto en Latín sin un diccionario ni nada. A mi me viene estupendo que estén con nosotras en el grupo, así tenemos que hacer menos...-Elena y Martina se ríen cómplices.

-Son Garis y Chloris Nacht, vinieron desde Alemania hace dos años, pero no nos han contado nada más.- Comenta Elena y se vuelve a mirarlos y ve que Chloris la está mirando y sonriendo picarona. Se vuelve rápido hacia nosotras para seguir con la conversación.

Creo que tenemos una pandilla, ya por lo menos no estamos solas. Aunque las conozco desde hace nada más que un día o unas horas, teniendo en cuenta que vamos a estar aquí mucho tiempo creo que puedo llamarlas amigas.

Ya han terminado las clases, hemos comido y voy directa a la habitación mientras las otras están aún en el comedor, porque necesito dormir aunque sea un rato. Escucho unos pasos que corren directamente hacia mi, me vuelvo rápida con miedo de que sea lo mismo de siempre, pero no, es Liss, me sonríe y acerca para preguntarme

-¿Conoces a Leo? ¿Te gusta? ¿Tenéis algo? Es que os he visto hablar antes y...

¿Qué?¿Cómo? No entiendo nada, ¿A qué viene esto?

-No, o sea, si lo conozco, pero ni me gusta ni tenemos nada. Lo he conocido hoy en clase.

-Ok, perfecto. Es que la verdad es muy guapo, y eso. Y como lo he visto hablando contigo pues digo: y si están juntos, aunque claro, teniendo en cuenta que los dos sois nuevos no os conoces entonces ¿cómo vais a estar juntos?- Suelta esta retahíla tan rápido que no me da tiempo a contestar más que algún “claro” o un “si”.

Bueno, he estado hablando un rato más con Liss, y he descubierto que no es tan frívola como me había parecido al venir a preguntarme lo de Leo, pero no termino de estar convencida, porque como Adriana me ha dicho que no son precisamente buenas amigas, no me fío, pero creo que son Sandra y Marta la mala influencia, porque Liss es mucho más divertida ahora que no están ellas.

De repente entra Manu en la habitación y suelta:

-¡Qué fuerte!

Cap1 y 2 DESCARGAR AQUI

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